domingo, 23 de noviembre de 2008

Transplante de cabeza

En 1963 un grupo de científicos de la Universidad de Medicina “Case Western Reserve” en Cleveland Ohio, realizó una operación altamente polémica al trasplantar la cabeza de un mono al cuerpo de otro simio. El equipo fue dirigido por Robert J. White neurocirujano y profesor de cirugía neurológica que fue inspirado por el trabajo del científico ruso Vladimir Demikhov.

Hasta un cierto grado la operación fue un éxito, el animal podía oler, saborear, oír y ver el mundo a su alrededor. La operación implicó la cuidadosa incisión de arterias y venas mientras que la cabeza era separada para prevenir hipovolemia (disminución del volumen circulante de sangre). Al conectar el cerebro con una fuente de sangre el mono se mantuvo químicamente vivo ya que le dejaron los nervios totalmente intactos. El animal sobrevivió un tiempo después de la operación, ocasionalmente incluso procuraba morder a miembros del personal. En el 2001 el Dr. White repitió con éxito el mismo tipo de operación.

Recientemente en Japón se han realizado otros trasplantes de cabeza, con ratas. En contraste con los trasplantes de cabeza que realizó el Dr. White, estos trasplantes de cabeza implicaban injertar una cabeza de rata sobre el cuerpo de otra rata que guardó su propia cabeza. Así la rata transplantada terminó con dos cabezas como los transplantes hechos anteriormente a perros por el científico ruso Vladimir Demikhov.

Los científicos explicaron que la clave de los trasplantes de cabeza era trabajar en temperaturas bajas. Un trasplante de cabeza humana, muy probablemente, requeriría enfriar el cerebro al punto de parar toda actividad nerviosa. Evitando de este modo que las neuronas mueran mientras que se trasplanta el cerebro. Por razones éticas, hasta hoy, los cirujanos no han practicado transplantes de cabeza humana.